La complicidad de tantos prelados y fieles con el capitalismo más despiadado, las dictaduras más inmundas o los nacionalismos más excluyentes no impiden que culpen de todo a los que no creen en religión alguna.
Empieza a ser irritante el tono de superioridad moral con que muchos de los fieles de cualquier confesión o credo y las jerarquías religiosas que los propagan han dado en mirar a quienes adoptan ante la convivencia civil y la enseñanza una postura agnóstica y laica. Ahora insisten en ello las autoridades católicas, con Joseph Ratzinger a la cabeza y los obispos españoles haciendo de coro repetitivo de sus manidas orientaciones morales.
Igual que los de cualquier otra antigualla religiosa, vuelven los católicos a la cantinela de que la familiaridad con la ética y las exigencias de la moral son una prerrogativa de los creyentes de la que probablemente carecen aquellos que no comulgan con fe religiosa alguna.
Resulta asombroso contemplar cómo se ignora la evidencia de que una parte no menor de los grandes desastres morales de que hemos sido testigos durante años y años se ha producido en nombre de creencias religiosas o ha sido provocado y alentado por quienes decían abodecer tales convicciones. Y no menos sorprendente es admirar -porque es, en efecto, algo paradójico que es casi admirable- la facilidad con la que esos credos se armonizan con prácticas políticas y económicas de las que sabemos con toda certeza que -ésas sí- son la causa del dolor, la pobreza y el sufrimiento de millones de seres humanos, es decir, de la gran inmoralidad contemporánea.
La complicidad de tantos prelados y fieles con la apoteosis del libre mercado, las dictadurras más inmundas o los nacionalismos más excluyentes son ejemplos bochornosos de esa paradoja. Y sin embargo, los únicos que parecen responsables, los únicos a quienes se reputa de inmorales, son los que han renunciado a guiar su vida o su conciencia civil por creencias de esa naturaleza. Ante tal argumento perverso me propongo reivindicar la superioridad moral del laico sobre el creyente.
Con esta nueva monserga integrista se nos quiere escamotear de nuevo más de dos siglos de pensamiento. Por poner un nombre: en 1793 empezaba Kant su prólogo a la primera edición de La religión dentro de los límites de la mera razón con una afirmación que, digan lo que digan, es ya incontrovertible:
"La moral no necesita de la idea de otro ser por encima del hombre para conocer el deber propio ni de otro motivo impulsor que la ley misma para observarlo". Para decirlo claro: la moral no necesita de la religión; se basta a sí misma, sin esa clase de andaderas, porque tiene un sustento suficiente en la racionalidad humana. Este elemental punto de partida sirve para definir lo que puede ser la moral de un laico frente a esa otra moral necesariamente débil y vicaria que es la moral del creyente.
Lo que triunfa con el impulso ético ilustrado, la tolerancia religiosa, y la separación Iglesia-Estado, es la idea de la esencial igualdad moral de los seres humanos al margen de sus convicciones religiosas; la idea de que no es la religión lo que confiere su calidad moral a las personas, sino una condición anterior que no es moralmente lícito ignorar en nombre de religión alguna y que no debe ceder ante consideraciones de carácter religioso. Esa igualdad constituye el núcleo de la ética contemporánea, y con ella también de toda política justa, porque exige del poder que no haga distinciones en la estatura moral de sus ciudadanos.
Y esa idea de dignidad humana que sustenta todo el edificio de la moralidad laica se funde con la noción de autonomía de la persona como capacidad de conformar en libertad y a partir de sí las convicciones morales y los principios que han de presidir el proyecto personal de su vida. A esto, algún documento episcopal reciente lo ha llamado "deseo ilusorio y blasfemo" de dirigir la vida propia y la vida social, mostrando así de nuevo que, aunque se condimenten ahora con la salsa fría del libre mercado, ser católico y ser liberal siguen siendo dos menús incompatibles.
Pues bien, esa dignidad de ser moralmente autónomo se le confiere a toda persona humana en condiciones de plena igualdad, de forma que si es una blasfemia, es la blasfemia que sustenta todo ese pensamiento ético, y se expresa en ciertas exigencias morales que el pensamiento religioso, de cualquier clase que sea, dista de haber asimilado bien. La religión y su sedimento moral han ido siempre detrás de esas conquistas éticas, y generalmente en contra de ellas. Incluso la idea de derechos humanos, corolario directo de ellas, fue negada y perseguida sañudamente por la jerarquía católica hasta bien entrado el siglo XX. Nuestros obispos saben que pueden presentarse abundantes textos papales que tratan a tales derechos de errores morales absolutos. Por no mencionar algo que pervive aún en casi toda moralidad religiosa: la posición de la mujer en un plano subalterno que le niega el acceso a la jerarquía y la gestión del misterio.
Los obispos españoles sólo siguen la estela de ciertos lugares comunes muy cultivados por Joseph Ratzinger, al que no puede llamar "pontífice", o hacedor de puentes, porque, como su antecesor, parece más bien empeñado en destruir los pocos y débiles que penosamente se habían ido levantando. En su doctrina moral exhibe una terca insitencia en las perversiones del "relativismo" como causa próxima de todos los males contemporáneos. Y a veces equipara subliminalmente laicismo y relativismo, deslizando con ello la idea de que una cosa lleva necesariamente a la otra. Pero esto es sencillamente falso.
La moral de los laicos puede ser tan firme como cualquiera y tiende además a ser menos acomodaticia que la moral del creyente. La ética religiosa que pende de los designios de la divinidad (o de sus intérpretes terrenales, que parecen aún más antojadizos) tiene justamente problemas de relativismo que conocemos al menos desde Platón.
Cuando, en diálogo con Eutifrón, Sócrates le pregunta si lo bueno es querido por los dioses porque es bueno o es bueno porque es querido por los dioses, el problema de la moralidad religiosa está servido. Si lo primero, entonces la voluntad de los dioses no muestra por qué es bueno; para descubrirlo tendremos que pensar como laicos. Si lo segundo -es decir, que sea bueno sólo porque así lo quieran los dioses- condena a la ética religiosa a un desconsolador relativismo: las cosas serán o no serán buenas según se les antoje a los dioses. La moralidad será, pues, relativa a la voluntad de los dioses (o, como sucede de hecho, a las cambiantes voces de sus supuestos representantes en la tierra). No cabe por ello en esta ética aquello que define a una conciencia moral madura: poder alzar la voz ante cualquier dios para decirle que sus designios son injustos. Sólo una convicción moral que no se sujete sus máximas a los dictados de un "ser por encima del hombre", es decir, sólo una convicción moral laica, es capaz de eso.
El relativismo de la moral religiosa se acentúa, además, muchas veces al añadirle otros ingredientes todavía más vacios y mudables. Las viejas religiones apelan tercamente a la tradición para sostener la vigencia de sus ideas morales y justificar la protección pública. Pero cada tradición justifica una moralidad diferente, y, si hemos de ser consecuentes, todas ellas serían sólo por ellos válidas. ¿No es esto el núcleo mismo de la ética relativista?
Por no mencionar algo que no podemos olvidar fácilmente, y menos en España: que con desdichada frecuencia los creyentes se han aliado y se alían con ideales nacionalistas y patrioteros, o, como en el Oriente Próximo, se obcecan con la quimera de un territorio sagrado como receptáculo de su vida moral como pueblo. La cantidad de maldad y de sangre que han producido esas apuestas morales relativistas sustentadas en tradiciones y credos nacionales no necesita ser recordada entre nosotros. Frente a ellas es preciso afirmar la igual dignidad moral de todos los seres humanos, la perentoriedad del respeto a sus derechos básicos y la universalidad de sus exigencias ante cualquier ética casera o fideísta. O, lo que es lo mismo, es preciso vindicar nuevamente la calidad moral del pensamiento laico.
Francisco J. Laporta Catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid.
El País. 4/4/2008
martes, 8 de abril de 2008
domingo, 6 de abril de 2008
CORTOS
Siempre he opinado que las distintas instituciones, me da lo mismo el nombre que tenga y el tinte político que tenga, deben estar dispuestas para apoyar aquellas iniciativas emprendidas por los ciudadanos y que pretendan un bien común para la ciudadanía, sobre todo en una provincia como la nuestra.
Cesar Millán
Heraldo de Soria 03/04/2008
Cortos
Acabo de llegar del desierto y
tras quince días sin tener más noticias de Soria que los resultados del Numancia (como es normal apenas el arbitro pitaba el final del partido me informaban del resultado ¡Gracias Alonso!) lo primero que he hecho es coger los periódicos atrasados intentando ponerme al día. Uno no puede evitar buscar noticias llamativas, noticias que amplíen más los días pasados fuera, intentando que el retiro cobre mayor importancia.
Con cierta tristeza compruebo que todo sigue igual, que es como si la mayor parte de las noticias ya las hubiese leído anteriormente. Pero lo peor de todo es que en muchos aspectos tengo la sensación de ir de un desierto a otro, como si únicamente cambiasen los escenarios, pero se mantuviese una misma esencia. Es triste comprobar como en algunos lugares del Sahara, pueblos con apenas doscientos habitantes, parece existir más vida que en la propia capital.
Es cierto, no lo voy a negar, que estando de vacaciones las cosas se ven de otra manera, parece que percibes mejor las luces que las sombras. Llegando incluso a magnificar lo que estas viendo (no puedo evitar recordar expresiones de aquellos que nos visitan en verano y señalan que Soria debe ser un lugar maravilloso para vivir, pero no se quedan). Soy, o al menos lo intento, ser objetivo y separar una cosa de otra, pero no puedo negar que me da rabia comprobar como aquí hemos hecho de la queja el pan nuestro de cada día y en otros lugares son felices, y se les ve en la cara, con muy poca cosa.
Pero volviendo al apartado de las noticias, y salvando aquellas que hablan de la futura cárcel, de la huelga de funcionarios de hacienda, del cumplimiento o no del PAES o de la subida de precios, no puedo dejar de escandalizarme por la denuncia del Convenio con la organización del Certamen de Cortos Ciudad de Soria entre el Ayuntamiento de Soria y la Asociación Cultural de la UNED.
Lo siento, pero no puedo comprender como algo de lo que podíamos estar orgullosos todos los sorianos y que en el mundo del cine tiene ya un reconocimiento a tener en cuenta, de golpe y porrazo se intente frenar, o al menos dirigir de otra manera. Máxime cuando el año pasado se firmo un convenio por cuatro años más, por algo sería.
Siempre he opinado que las distintas instituciones, me da lo mismo el nombre que tenga y el tinte político que tenga, deben estar dispuestas para apoyar aquellas iniciativas emprendidas por los ciudadanos y que pretendan un bien común para la ciudadanía, sobre todo en una provincia como la nuestra.
No será que lo que se quiere es dar sentido al propio festival y festejar por todo lo alto que en nuestra ciudad si algo podemos demostrar en que estamos a la altura de celebrar un verdadero CERTAMEN DE CORTOS. Si luego cada uno quiere colgarse medallas, por algo será.
Cesar Millán
Heraldo de Soria 03/04/2008
Cortos
Acabo de llegar del desierto y
Con cierta tristeza compruebo que todo sigue igual, que es como si la mayor parte de las noticias ya las hubiese leído anteriormente. Pero lo peor de todo es que en muchos aspectos tengo la sensación de ir de un desierto a otro, como si únicamente cambiasen los escenarios, pero se mantuviese una misma esencia. Es triste comprobar como en algunos lugares del Sahara, pueblos con apenas doscientos habitantes, parece existir más vida que en la propia capital.
Es cierto, no lo voy a negar, que estando de vacaciones las cosas se ven de otra manera, parece que percibes mejor las luces que las sombras. Llegando incluso a magnificar lo que estas viendo (no puedo evitar recordar expresiones de aquellos que nos visitan en verano y señalan que Soria debe ser un lugar maravilloso para vivir, pero no se quedan). Soy, o al menos lo intento, ser objetivo y separar una cosa de otra, pero no puedo negar que me da rabia comprobar como aquí hemos hecho de la queja el pan nuestro de cada día y en otros lugares son felices, y se les ve en la cara, con muy poca cosa.
Pero volviendo al apartado de las noticias, y salvando aquellas que hablan de la futura cárcel, de la huelga de funcionarios de hacienda, del cumplimiento o no del PAES o de la subida de precios, no puedo dejar de escandalizarme por la denuncia del Convenio con la organización del Certamen de Cortos Ciudad de Soria entre el Ayuntamiento de Soria y la Asociación Cultural de la UNED.
Lo siento, pero no puedo comprender como algo de lo que podíamos estar orgullosos todos los sorianos y que en el mundo del cine tiene ya un reconocimiento a tener en cuenta, de golpe y porrazo se intente frenar, o al menos dirigir de otra manera. Máxime cuando el año pasado se firmo un convenio por cuatro años más, por algo sería.
Siempre he opinado que las distintas instituciones, me da lo mismo el nombre que tenga y el tinte político que tenga, deben estar dispuestas para apoyar aquellas iniciativas emprendidas por los ciudadanos y que pretendan un bien común para la ciudadanía, sobre todo en una provincia como la nuestra.
No será que lo que se quiere es dar sentido al propio festival y festejar por todo lo alto que en nuestra ciudad si algo podemos demostrar en que estamos a la altura de celebrar un verdadero CERTAMEN DE CORTOS. Si luego cada uno quiere colgarse medallas, por algo será.
miércoles, 2 de abril de 2008
SOBRE LA DENUNCIA DEL CONVENIO CON LA ORGANIZACIÓN DEL CERTAMEN DE CORTOS POR EL AYUNTAMIENTO DE SORIA
Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía desea manifestar a la opinión pública su apoyo a la Asociación Cultural de la UNED, que tan brillantemente ha organizado estos últimos cinco años el Certamen de Cortos Ciudad de Soria, con dedicación, esfuerzo, profesionalidad y sber hacer encomiables, recompensados por su consolidación y reconocimiento a nivel nacional.
El éxito organizativo de este festival hace incomprensible la denuncia del convenio por parte del equipo de gobierno municipal socialista. Teniendo en cuenta que el convenio se habia firmado por un periodo de cuatro años y que el actualmente vigente se firmó el año pasado, no es fácil encontrar jjustificación a la postura del Ayuntamiento. Con este tipo de medidas precipitadas se corre el riesgo de desaprovechar el trabajo y la experiencia acumulada durante estos años por el actual equipo organizador, poniendo incluso en peligro el prestigio alcanzado por este certamen.
Al contrario, si algo funciona y lo hace bien desde la sociedad civil, la misión de los políticos es dejar que siga funcioanndo bien, no creando problemas donde no existen, alentando precisamente este tipo de iniciativas que surgen de la participación y el compromiso de nuestra gente, y dedicándose a solucionar los graves problemas que tiene la ciudad.
Es por ello que, Ciudadanos-partido de la Ciudadanía se siente en la obligación de denunciar este intento de controlar la organización del certamen por parte del partido político que ocupa actualmente la Alcaldía.
Asimismo, Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía quiere manifestar su apuesta decidida por mantener espacios amplios en los que los ciudadanos puedan aportar su esfuerzo, mérito y talento a la sociedad, en cualquier tipo de trabajos o puestos de responsabilidad, sin necesidad de verse obligados a mantener ningún tipo de relación clientelar con los partidos que ocupen las posiciones de decisión política.
2008-04-02
Ciudadanos - Partido de la Ciudadanía
Soria
martes, 1 de abril de 2008
MÁS DE LO MISMO
Parece que se avecina un acuerdo entre PNV, BNG y el PSOE para propiciar la investidura de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno de España. Más de lo mismo. Mientras que los votantes de estos dos partidos nacionalistas pueden estar relativamente satisfechos del uso que se le va a dar a su voto (conseguir mayor autogobierno y apalabrar alguna que otra inversión del Estado en sus respectivas Comunidades Autónomas); no creo que puedan decir lo mismo las personas del llamado electorado volátil que esta vez se han decantado por la opción socialista.
Tras las elecciones en las encuestas aparecía una mayoría satisfecha con la pérdida del poder de los nacionalistas; pero mientras el juego político en nuestro país se desarrolle en los parámetros actuales, ley electoral por medio, esa supuesta pérdida es una ilusión. Siempre conservarán un poder estratégico que se moverá al vaivén de las coyunturas políticas pero que siempre estará muy por encima de los votos que obtengan en relación a otras fuerzas políticas. El alcance que tenga el acuerdo, está por ver; pero siempre estará presente la posibilidad de que el PSOE necesite al bloque PNV-BNG (8 diputados entre los dos, con un 2 % de votantes) o a CiU (11 diputados y un 3 % de votantes) para sacar adelante sus propuestas. Los márgenes de maniobra que tengan cada uno, determinarán en definitiva el alcance del acuerdo.
¿El PNV puede renunciar a su plan soberanista o están deseando que se les dé una excusa para poder concretar esa renuncia y salir del embrollo en que les ha metido su lehendakari? ¿Hasta dónde puede o quiere ir el PSOE con el tema vasco? La tozudez del lehendakari Ibarretxe puede llevar al PNV a un callejón sin salida, pero no sería la primera vez que los socialistas acuden en socorro del PNV, como en aquel lejano 1986 cuando en unas elecciones autonómicas aun sacando más diputados que el PNV, fue entregada la lehendakaritxa a un nacionalista. No recuerdo otro caso en otra Comunidad Autónoma en que la presidencia del gobierno no lo ocupase un miembro del partido que más diputados hubiera conseguido.
El flirteo que ha mantenido y mantiene el PSOE con los nacionalistas es digno de estudio de diván de psicoanalista. Ha pasado, bien por una especie de complejo, como si estuviese escrito en no se qué ley natural que determinados puestos sólo los podían ocupar los nacionalistas, como la lehendakaritxa, bien por un empeño autoimpuesto, condenado al fracaso, de intentar salvar a los nacionalistas de sí mismos y de sus propias contradicciones, intentando integrarlos en la España constitucional en la que ellos no creen, a base de concesiones. Estrategia, dicho sea de paso, que ha fracasado estrepitosamente, produciéndose el efecto contrario: a medida que han alcanzado mayores cuotas de autogobierno, sus pretensiones nacionalistas se han radicalizado. O bien, por último, por adoptar ellos mismos, los socialistas, un discurso filonacionalista, como en Cataluña. Esta contradicción parece venir de aquellos tiempos, que deberían percibirse ya como lejanos y no relevantes para la situación actual, en que los socialistas compartían trincheras con los nacionalistas en contra de la dictadura. Pero esa coyuntura histórica no debería confundirlos, socialismo y nacionalismo son incompatibles. El socialismo nació con vocación internacionalista, igualitaria; todo lo contrario que el credo nacionalista, venga de donde venga y se presente con la piel de cordero que mejor sirva a sus intereses estratégicos del momento.
Quizá los socialistas hayan aprendido del error cometido en 1986. Tras la escisión del PNV, los socialistas dieron oxígeno a unos nacionalistas debilitados y divididos, entregando la lehendakaritxa al PNV. Desde entonces, los nacionalistas han ido acumulando victoria tras victoria; copando los puestos claves de la sociedad vasca y retroalimentando su nacionalismo excluyente. Quizá sea el momento en que los socialistas aspiren sin complejos a arrebatarles la lehendakaritxa al PNV y provocar un punto de inflexión en la deriva del País Vasco, con un PNV a la baja. Eso pasa, obviamente, porque el acuerdo que se pueda dar entre el PSOE y el PNV en Madrid, no suponga un balón de oxígeno para este último y no debilite la campaña que Patxi López deba hacer en las autonómicas que se avecinan en el País Vasco, atándole de pies y manos desde Madrid. La hoja de ruta del plan Ibarretxe es lo suficientemente descabellada e inquietante como para no intentar desmontarla definitivamente con las urnas en el propio País Vasco. Pero es que, además, es de tal envergadura que sería un acto de irresponsabilidad que el PSOE intentase marginar al otro gran partido en esta situación.
Es necesario que, en los asuntos de auténtica envergadura, PSOE y PP colaboren para hacer un país, el de todos nosotros, viable e integrador. No puede repetirse, por tanto, que el PSOE suscriba acuerdos, como en la anterior legislatura, con fuerzas políticas nacionalistas excluyendo a (o en contra de) diez millones de electores, que es el apoyo electoral que suele recibir el PP, casi la mitad de españoles que votan.
El cinismo y la hipocresía política que demostraron, tanto el PP como el PSOE, a la hora de reclamar el perdido consenso, no nos permite ser optimistas. La perversión de las palabras que practican nuestros políticos llegó hasta tal punto en la anterior legislatura de que, cuando hablaban de consensos y de llegar a acuerdos, era para meter el dedo en el ojo del adversario político, no para alcanzarlos. Unos y otros se echaban la culpa. “Y tú más”, era la frase favorita. Uno y otro reclamaban unidad frente a los terroristas; y echaban la culpa al otro de haberla roto. Mientras, los ciudadanos de a pie, asistíamos atónitos al espectáculo.
A estas alturas, quizá deberíamos dejar de lado los deseos y enfrentarnos a la dura realidad. Aplicándonos el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”, en lugar de confiar en lo que puedan o deban hacer los del PSOE y los del PP, más sensato y realista sería propiciar un estado de opinión favorable a un cambio en la ley electoral. Sólo con esa reforma evitaríamos que, cuando un partido necesite apoyos para sacar adelante sus propuestas, no suponga una invitación a la desmembración de España a aquellos pequeños partidos nacionalistas que están en situación de ofrecerlos a pesar de que les han votado un menor número de ciudadanos que a otros partidos de ámbito nacional. Sin ir más lejos, en estas últimas elecciones, el PNV con 300.000 votos ha conseguido 6 diputados; en cambio IU con cerca de un millón votos (963.000) sólo ha conseguido dos.
Sería el momento, quizá, de que los partidos de ámbito nacional perjudicados gravemente con esta ley injusta se unan para manifestarse públicamente a favor de esa necesaria reforma de la ley electoral para propiciar un mejor reflejo en las Cortes de la voluntad general de todos los españoles.
Javier Romero Pascual
Responsable de Comunicación de
Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (Soria)
Tras las elecciones en las encuestas aparecía una mayoría satisfecha con la pérdida del poder de los nacionalistas; pero mientras el juego político en nuestro país se desarrolle en los parámetros actuales, ley electoral por medio, esa supuesta pérdida es una ilusión. Siempre conservarán un poder estratégico que se moverá al vaivén de las coyunturas políticas pero que siempre estará muy por encima de los votos que obtengan en relación a otras fuerzas políticas. El alcance que tenga el acuerdo, está por ver; pero siempre estará presente la posibilidad de que el PSOE necesite al bloque PNV-BNG (8 diputados entre los dos, con un 2 % de votantes) o a CiU (11 diputados y un 3 % de votantes) para sacar adelante sus propuestas. Los márgenes de maniobra que tengan cada uno, determinarán en definitiva el alcance del acuerdo.
¿El PNV puede renunciar a su plan soberanista o están deseando que se les dé una excusa para poder concretar esa renuncia y salir del embrollo en que les ha metido su lehendakari? ¿Hasta dónde puede o quiere ir el PSOE con el tema vasco? La tozudez del lehendakari Ibarretxe puede llevar al PNV a un callejón sin salida, pero no sería la primera vez que los socialistas acuden en socorro del PNV, como en aquel lejano 1986 cuando en unas elecciones autonómicas aun sacando más diputados que el PNV, fue entregada la lehendakaritxa a un nacionalista. No recuerdo otro caso en otra Comunidad Autónoma en que la presidencia del gobierno no lo ocupase un miembro del partido que más diputados hubiera conseguido.
El flirteo que ha mantenido y mantiene el PSOE con los nacionalistas es digno de estudio de diván de psicoanalista. Ha pasado, bien por una especie de complejo, como si estuviese escrito en no se qué ley natural que determinados puestos sólo los podían ocupar los nacionalistas, como la lehendakaritxa, bien por un empeño autoimpuesto, condenado al fracaso, de intentar salvar a los nacionalistas de sí mismos y de sus propias contradicciones, intentando integrarlos en la España constitucional en la que ellos no creen, a base de concesiones. Estrategia, dicho sea de paso, que ha fracasado estrepitosamente, produciéndose el efecto contrario: a medida que han alcanzado mayores cuotas de autogobierno, sus pretensiones nacionalistas se han radicalizado. O bien, por último, por adoptar ellos mismos, los socialistas, un discurso filonacionalista, como en Cataluña. Esta contradicción parece venir de aquellos tiempos, que deberían percibirse ya como lejanos y no relevantes para la situación actual, en que los socialistas compartían trincheras con los nacionalistas en contra de la dictadura. Pero esa coyuntura histórica no debería confundirlos, socialismo y nacionalismo son incompatibles. El socialismo nació con vocación internacionalista, igualitaria; todo lo contrario que el credo nacionalista, venga de donde venga y se presente con la piel de cordero que mejor sirva a sus intereses estratégicos del momento.
Quizá los socialistas hayan aprendido del error cometido en 1986. Tras la escisión del PNV, los socialistas dieron oxígeno a unos nacionalistas debilitados y divididos, entregando la lehendakaritxa al PNV. Desde entonces, los nacionalistas han ido acumulando victoria tras victoria; copando los puestos claves de la sociedad vasca y retroalimentando su nacionalismo excluyente. Quizá sea el momento en que los socialistas aspiren sin complejos a arrebatarles la lehendakaritxa al PNV y provocar un punto de inflexión en la deriva del País Vasco, con un PNV a la baja. Eso pasa, obviamente, porque el acuerdo que se pueda dar entre el PSOE y el PNV en Madrid, no suponga un balón de oxígeno para este último y no debilite la campaña que Patxi López deba hacer en las autonómicas que se avecinan en el País Vasco, atándole de pies y manos desde Madrid. La hoja de ruta del plan Ibarretxe es lo suficientemente descabellada e inquietante como para no intentar desmontarla definitivamente con las urnas en el propio País Vasco. Pero es que, además, es de tal envergadura que sería un acto de irresponsabilidad que el PSOE intentase marginar al otro gran partido en esta situación.
Es necesario que, en los asuntos de auténtica envergadura, PSOE y PP colaboren para hacer un país, el de todos nosotros, viable e integrador. No puede repetirse, por tanto, que el PSOE suscriba acuerdos, como en la anterior legislatura, con fuerzas políticas nacionalistas excluyendo a (o en contra de) diez millones de electores, que es el apoyo electoral que suele recibir el PP, casi la mitad de españoles que votan.
El cinismo y la hipocresía política que demostraron, tanto el PP como el PSOE, a la hora de reclamar el perdido consenso, no nos permite ser optimistas. La perversión de las palabras que practican nuestros políticos llegó hasta tal punto en la anterior legislatura de que, cuando hablaban de consensos y de llegar a acuerdos, era para meter el dedo en el ojo del adversario político, no para alcanzarlos. Unos y otros se echaban la culpa. “Y tú más”, era la frase favorita. Uno y otro reclamaban unidad frente a los terroristas; y echaban la culpa al otro de haberla roto. Mientras, los ciudadanos de a pie, asistíamos atónitos al espectáculo.
A estas alturas, quizá deberíamos dejar de lado los deseos y enfrentarnos a la dura realidad. Aplicándonos el refrán de “a Dios rogando y con el mazo dando”, en lugar de confiar en lo que puedan o deban hacer los del PSOE y los del PP, más sensato y realista sería propiciar un estado de opinión favorable a un cambio en la ley electoral. Sólo con esa reforma evitaríamos que, cuando un partido necesite apoyos para sacar adelante sus propuestas, no suponga una invitación a la desmembración de España a aquellos pequeños partidos nacionalistas que están en situación de ofrecerlos a pesar de que les han votado un menor número de ciudadanos que a otros partidos de ámbito nacional. Sin ir más lejos, en estas últimas elecciones, el PNV con 300.000 votos ha conseguido 6 diputados; en cambio IU con cerca de un millón votos (963.000) sólo ha conseguido dos.
Sería el momento, quizá, de que los partidos de ámbito nacional perjudicados gravemente con esta ley injusta se unan para manifestarse públicamente a favor de esa necesaria reforma de la ley electoral para propiciar un mejor reflejo en las Cortes de la voluntad general de todos los españoles.
Javier Romero Pascual
Responsable de Comunicación de
Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía (Soria)
jueves, 27 de marzo de 2008
Los romanos, Marichalar y Numancia
Heraldo de Soria 27 marzo 08
"Resulta cuando menos curioso observar con qué pasión un miembro de la familia Marichalar, es decir un aristócrata con cierta raigambre soriana, al menos en Soria tiene raíz la casa solariega y la hacienda, con qué pasión, digo, lucha contra la maldad de un proyectado polígono industrial que puede abrir puertas al futuro de esta tierra y no tiene por qué desmejorar ni mucho menos destruir el bello paraje de un entorno que, en todo caso, de lo que carece es de presencia humana."
Silvano Andrés de la Morena
El periódico electrónico “El Imparcial” publicaba el pasado día 17 unas declaraciones de Álvaro de Marichalar sobre Numancia que merecen, como mínimo, un comentario. Sus palabras podrían resultar verosímiles e incluso creíbles si se cumplieran dos requisitos: el primero, que los intereses privados de su familia no anduvieran en el asunto; y el segundo, que no utilizara el tema para hacer auténtica propaganda política partidista. ¿O hemos de suponer que el señor Marichalar habla desde la desprendida generosidad, desde la asunción de que el bien común es un principio fundamental en política, desde la idea de que Soria carece de sensibilidad y prefiere el desarrollismo desaforado, que implica la destrucción de todo lo que se ponga por delante, como Numancia? Volvemos al mito la destrucción de Numancia, que, tal como lo proclama, no deja de ser, cuando menos, hiperbólico. No será porque él personalmente, como otros, no ha tenido tiempo suficiente para poner ciertas ideas en orden, para enfrentarse a algunos poderes que podrían haber tenido otras actitudes con Soria, para mostrarse crítico en el pasado cuando las necesidades fueron imperiosas… Se puede echar la culpa a la Junta de Castilla y León, a los ecologistas (quienes, por cierto, andan algo mudos e incluso ahora, no antes, echan el muerto al Gobierno regional), a la sociedad Gesturcal o a quien se desee, pero, en todo caso, cada uno deberá asumir sus responsabilidades, también el señor Marichalar, que ahora se muestra radical en planteamientos verbales, aunque algo estéril en sus propuestas, entre otras razones por eso de que toda exageración, como he escrito en algún otro momento, conduce a la insignificancia. Lo mismo sucede con otros miembros de la familia que, desde fundaciones destacadas por su relación anual con Soria, parece que en los últimos tiempos se hubieran olvidado, no de la cuestión del polígono, pero sí de una realidad más avanzada y con más poder de incidencia en el medio natural. Me refiero, como es obvio, a la Ciudad del Medio Ambiente.
El señor Álvaro de Marichalar, lanzado a la carrera política con todo su derecho y los derechos que otorga la Constitución española, tendrá, sin duda, entre sus objetivos la defensa a ultranza de la libertad de información y opinión, para él y para el resto de los ciudadanos. Desde esa defensa universal, creo que podremos decir que sus declaraciones resultan, cuando menos, sorprendentes, maximalistas, exageradas y fuera de toda realidad. Las entendemos más como propias de medios sensacionalistas que de los que buscan la información serena y ecuánime. Afirmar a estas alturas de la historia, con un impersonal en tercera del plural, que “quieren cercar Numancia como los romanos hace 2.000 años”, es una frase que más sirve a la comedia, si no a la farsa, que a la verdad objetiva. No sé a qué fuerzas devastadoras, en una tierra vacía de gente, se refiere, aunque deja entrever que a todas las posibles, intuidas, naturalmente, todas ellas como fuerzas del mal. Y ahí aparece el señor Marichalar para salvar a Numancia como caudillo celtíbero, suponemos que ayudado de forma incondicional por la diosa Epona. Habría sido interesante verlo en el pasado defender con la misma pasión a Soria cuando sus necesidades se manifestaban de la manera más sangrante. Tal vez es que acaba de despertar a la conciencia social y ha descubierto, más vale tarde que nunca, la necesidad de la lucha, influido por el estudio de las batallas entre Escipiones y caudillos numantinos. Resulta cuando menos curioso observar con qué pasión un miembro de la familia Marichalar, es decir un aristócrata con cierta raigambre soriana, al menos en Soria tiene raíz la casa solariega y la hacienda, con qué pasión, digo, lucha contra la maldad de un proyectado polígono industrial que puede abrir puertas al futuro de esta tierra y no tiene por qué desmejorar ni mucho menos destruir el bello paraje de un entorno que, en todo caso, de lo que carece es de presencia humana.
De todas formas, las voces del señor Marichalar no han hecho más que sumarse a otras de las que yo mismo emitía juicio en un artículo en esta sección el día 16. Ande la Junta de Castilla y León con las ideas claras y no se deje influir por voces agoreras que no se sabe a qué fines apuntan. Lo mismo digo de la sociedad Gesturcal. Sería una prueba de madurez y autoridad basada en el sentido común y no en la improvisación. Tampoco me gustaría dejar de comentar los silencios últimos de algunas voces, como ASDEN y el Foro Soria 21, que pareciera que anduvieran voluntariamente perdidas, sin saber, aunque se pueda intuir, a qué se debe. Sea cual sea la decisión final sobre el polígono Soria II, parece claro que no será ajena a determinadas tomas de postura sobre la Ciudad del Medio Ambiente. Se podría entender que la Junta utilizara algunas influencias, cuando no presiones, para frenar determinadas voces a su proyecto estrella en Soria, pues ya se sabe el papel de la negociación en el mundo de la política, pero resultaría bastante incomprensible que otras fuerzas que actúan, se supone, más por principios que por otras razones, cambiaran de parecer, de táctica o de estrategia en estos asuntos.
“El proyecto del Polígono Industrial Soria II toca de cerca a Álvaro de Marichalar. Se muestra firme detractor de un proyecto que, en su opinión, sólo responde a una "codicia" urbanística que se asemeja demasiado al cerco romano que vivió Numancia hace 2.000 años. El proyecto le toca de cerca, ya que su familia posee terrenos en este área considera de Interés Cultural”, resume la entrada de “El Imparcial”, firmada en Madrid por Alberto L. Marín. Bueno, pues son las palabras del periodista, no las mías las que dan en la clave de que “su familia posee terrenos en esta área”. ¿Acaso este dato no condiciona todo su juicio sobre el particular? ¿No tiene derecho el lector, entonces, a entenderlo todo como un acto de generosidad relativa? Continúa el periodista: “Por su calidad de terrateniente, conoce bien los “tejemanejes” que rodean a este plan urbanístico que no le convence un ápice”. ¿De verdad? ¿Por su condición de “terrateniente”? Si realmente existen “tejemanejes” y tan bien los conoce “por su condición de terrateniente”, ¿por qué no los da a luz pública ya, con nombres y apellidos, con pelos y señales, a todos los sorianos? ¿Los conoce por “su calidad de terrateniente” o por su condición de simple ciudadano que está bien informado? Desde luego, no es lo mismo. No podríamos decir si las atrevidas aseveraciones del periodista responden a su propia cosecha o a la información que le proporcionara el señor Marichalar. Sin duda, no resulta descabellado que el lector interprete que esa “calidad de terrateniente” se convierta en condición fundamental para que este señor se oponga, en calidad de tal más que en calidad de reciente hombre público que ha saltado a la política y que se esmera en expandir la justicia social, a la construcción de un polígono que Soria necesita y contra cuya ubicación, por ahora, nadie ha sido capaz de dar argumentos válidos más allá de frases convencionales y juicios de una generalidad tal que no aportan más que confusión y retraso para que un proyecto necesario para Soria empiece a hacerse realidad. Y permitan que emita mi juicio, tan válido como el contrario, de que el lugar ni supone devastación cultural ni rompe, más allá de lo que implica este tipo de acciones sobre la naturaleza, un marco natural que lleva virgen toda la vida y no por amor al arte, sino porque Soria se ha mantenido hasta ahora al margen de la marcha de la historia moderna y contemporánea.
Acaba la noticia de “El Imparcial”: “Vamos a investigar a fondo durante estos años, los que hagan falta, para desenmascarar en Soria y en el resto de España los casos de corrupción flagrante que están ocurriendo delante de las narices de los ciudadanos”. Y el periodista cierra asegurando que a todo ello se compromete Marichalar, que cuenta con el apoyo del partido de Rosa Díez para hacerlo. Pues así sea. El flamante partido de la señora Díez nos puede iluminar sobre la verdad de las cosas. Vale. Pero que a los sorianos los ilumine también, y al mismo tiempo, con el derecho a un desarrollo económico, industrial y de vida que merecen como los demás ciudadanos. A eso también se puede aplicar don Álvaro, mientras sueña que todos quieren expoliar Numancia cual romanos de hace dos mil años.
"Resulta cuando menos curioso observar con qué pasión un miembro de la familia Marichalar, es decir un aristócrata con cierta raigambre soriana, al menos en Soria tiene raíz la casa solariega y la hacienda, con qué pasión, digo, lucha contra la maldad de un proyectado polígono industrial que puede abrir puertas al futuro de esta tierra y no tiene por qué desmejorar ni mucho menos destruir el bello paraje de un entorno que, en todo caso, de lo que carece es de presencia humana."
Silvano Andrés de la Morena
El señor Álvaro de Marichalar, lanzado a la carrera política con todo su derecho y los derechos que otorga la Constitución española, tendrá, sin duda, entre sus objetivos la defensa a ultranza de la libertad de información y opinión, para él y para el resto de los ciudadanos. Desde esa defensa universal, creo que podremos decir que sus declaraciones resultan, cuando menos, sorprendentes, maximalistas, exageradas y fuera de toda realidad. Las entendemos más como propias de medios sensacionalistas que de los que buscan la información serena y ecuánime. Afirmar a estas alturas de la historia, con un impersonal en tercera del plural, que “quieren cercar Numancia como los romanos hace 2.000 años”, es una frase que más sirve a la comedia, si no a la farsa, que a la verdad objetiva. No sé a qué fuerzas devastadoras, en una tierra vacía de gente, se refiere, aunque deja entrever que a todas las posibles, intuidas, naturalmente, todas ellas como fuerzas del mal. Y ahí aparece el señor Marichalar para salvar a Numancia como caudillo celtíbero, suponemos que ayudado de forma incondicional por la diosa Epona. Habría sido interesante verlo en el pasado defender con la misma pasión a Soria cuando sus necesidades se manifestaban de la manera más sangrante. Tal vez es que acaba de despertar a la conciencia social y ha descubierto, más vale tarde que nunca, la necesidad de la lucha, influido por el estudio de las batallas entre Escipiones y caudillos numantinos. Resulta cuando menos curioso observar con qué pasión un miembro de la familia Marichalar, es decir un aristócrata con cierta raigambre soriana, al menos en Soria tiene raíz la casa solariega y la hacienda, con qué pasión, digo, lucha contra la maldad de un proyectado polígono industrial que puede abrir puertas al futuro de esta tierra y no tiene por qué desmejorar ni mucho menos destruir el bello paraje de un entorno que, en todo caso, de lo que carece es de presencia humana.
De todas formas, las voces del señor Marichalar no han hecho más que sumarse a otras de las que yo mismo emitía juicio en un artículo en esta sección el día 16. Ande la Junta de Castilla y León con las ideas claras y no se deje influir por voces agoreras que no se sabe a qué fines apuntan. Lo mismo digo de la sociedad Gesturcal. Sería una prueba de madurez y autoridad basada en el sentido común y no en la improvisación. Tampoco me gustaría dejar de comentar los silencios últimos de algunas voces, como ASDEN y el Foro Soria 21, que pareciera que anduvieran voluntariamente perdidas, sin saber, aunque se pueda intuir, a qué se debe. Sea cual sea la decisión final sobre el polígono Soria II, parece claro que no será ajena a determinadas tomas de postura sobre la Ciudad del Medio Ambiente. Se podría entender que la Junta utilizara algunas influencias, cuando no presiones, para frenar determinadas voces a su proyecto estrella en Soria, pues ya se sabe el papel de la negociación en el mundo de la política, pero resultaría bastante incomprensible que otras fuerzas que actúan, se supone, más por principios que por otras razones, cambiaran de parecer, de táctica o de estrategia en estos asuntos.
“El proyecto del Polígono Industrial Soria II toca de cerca a Álvaro de Marichalar. Se muestra firme detractor de un proyecto que, en su opinión, sólo responde a una "codicia" urbanística que se asemeja demasiado al cerco romano que vivió Numancia hace 2.000 años. El proyecto le toca de cerca, ya que su familia posee terrenos en este área considera de Interés Cultural”, resume la entrada de “El Imparcial”, firmada en Madrid por Alberto L. Marín. Bueno, pues son las palabras del periodista, no las mías las que dan en la clave de que “su familia posee terrenos en esta área”. ¿Acaso este dato no condiciona todo su juicio sobre el particular? ¿No tiene derecho el lector, entonces, a entenderlo todo como un acto de generosidad relativa? Continúa el periodista: “Por su calidad de terrateniente, conoce bien los “tejemanejes” que rodean a este plan urbanístico que no le convence un ápice”. ¿De verdad? ¿Por su condición de “terrateniente”? Si realmente existen “tejemanejes” y tan bien los conoce “por su condición de terrateniente”, ¿por qué no los da a luz pública ya, con nombres y apellidos, con pelos y señales, a todos los sorianos? ¿Los conoce por “su calidad de terrateniente” o por su condición de simple ciudadano que está bien informado? Desde luego, no es lo mismo. No podríamos decir si las atrevidas aseveraciones del periodista responden a su propia cosecha o a la información que le proporcionara el señor Marichalar. Sin duda, no resulta descabellado que el lector interprete que esa “calidad de terrateniente” se convierta en condición fundamental para que este señor se oponga, en calidad de tal más que en calidad de reciente hombre público que ha saltado a la política y que se esmera en expandir la justicia social, a la construcción de un polígono que Soria necesita y contra cuya ubicación, por ahora, nadie ha sido capaz de dar argumentos válidos más allá de frases convencionales y juicios de una generalidad tal que no aportan más que confusión y retraso para que un proyecto necesario para Soria empiece a hacerse realidad. Y permitan que emita mi juicio, tan válido como el contrario, de que el lugar ni supone devastación cultural ni rompe, más allá de lo que implica este tipo de acciones sobre la naturaleza, un marco natural que lleva virgen toda la vida y no por amor al arte, sino porque Soria se ha mantenido hasta ahora al margen de la marcha de la historia moderna y contemporánea.
Acaba la noticia de “El Imparcial”: “Vamos a investigar a fondo durante estos años, los que hagan falta, para desenmascarar en Soria y en el resto de España los casos de corrupción flagrante que están ocurriendo delante de las narices de los ciudadanos”. Y el periodista cierra asegurando que a todo ello se compromete Marichalar, que cuenta con el apoyo del partido de Rosa Díez para hacerlo. Pues así sea. El flamante partido de la señora Díez nos puede iluminar sobre la verdad de las cosas. Vale. Pero que a los sorianos los ilumine también, y al mismo tiempo, con el derecho a un desarrollo económico, industrial y de vida que merecen como los demás ciudadanos. A eso también se puede aplicar don Álvaro, mientras sueña que todos quieren expoliar Numancia cual romanos de hace dos mil años.
martes, 26 de febrero de 2008
BUENAS VIBRACIONES
Pero el milagro ha ocurrido, casi me siento como quien se niega a enamorarse por miedo al dolor y sin embargo no puede remediarlo porque ha estado demasiado tiempo evitándolo. El discurso político del sábado de Ciudadanos ha hecho que crea en algo (increíble si se entiende de mi que soy una brutal incrédula socio-política).
Alisoria
lunes 25 de febrero de 2008
BUENAS VIBRACIONES
Debo de confesar que iba con cierto resquemor, en cuestión de política el cinismo se ha apoderado de mi. Nunca me he creído mucho los discursos de los políticos, pero últimamente para mi, las palabras de cualquier político en los medios de comunicación era como "quien oye llover". Es una lástima haber perdido tanto la fe, haber perdido la esperanza de que algo pueda cambiar, de que se puedan hacer cosas por la gente, de que importemos más las personas que el individuo político, de hacer las cosas bien y no mal, para variar. No sé si en algún momento creí o maduré políticamente al son del desfalco, el fraude, la palabrería insulsa, las mentiras, el poder del dinero fácil... por tanto he de decir que iba con el corazón bien cerrado, sin ganas de que me mangonearan, sin probabilidad de que un discurso hiciera mella en mi, a fin de cuentas, sin posibilidad de creer.
Pero el milagro ha ocurrido, casi me siento como quien se niega a enamorarse por miedo al dolor y sin embargo no puede remediarlo porque ha estado demasiado tiempo evitándolo. El discurso político del sábado de Ciudadanos ha hecho que crea en algo (increíble si se entiende de mi que soy una brutal incrédula socio-política). No sé si es que a gente más cercana a mi, ciudadanos hartos como yo, me es más fácil creer o que realmente lo que proponen es muy bueno. Supongo que una excelente combinación de las dos cosas. El hecho de que personas corrientes y molientes puedan participar en la política, que se ha convertido de unos pocos, me parece fascinante porque es lo que siempre había pensado que debía ser y el sábado poco a poco noté como empezaba a ablandarme y confiar un poco en este partido.
He de reconocer de que tengo miedo de un desengaño, tengo miedo de que una vez lleguen a algún lado se olviden de aquellos que les apoyaron y hagan lo de siempre. Pero supongo que hay que arriesgar y confiar en que "estos" sean distintos y vayan a intentar hacer las cosas bien sin tener como objetivo un sueldo para toda la vida con la gran responsabilidad de tocarse el higo todos los días.
En fin, que el discurso tocó mi fibra sensible y estoy contenta porque consiguieron algo que nadie ha conseguido, lograron traspasar la incredulidad y la coraza e hicieron que volviera a creer en la buena capacidad, disposición y responsabilidad de la gente. Gracias.
Y gracias papá.
Si alguien quiere información:
www.ciudadanos-partidodelaciudadania.com
http://generales08.ciudadanos-partidodelaciudadania.com
Alisoria
lunes 25 de febrero de 2008
BUENAS VIBRACIONES
Debo de confesar que iba con cierto resquemor, en cuestión de política el cinismo se ha apoderado de mi. Nunca me he creído mucho los discursos de los políticos, pero últimamente para mi, las palabras de cualquier político en los medios de comunicación era como "quien oye llover". Es una lástima haber perdido tanto la fe, haber perdido la esperanza de que algo pueda cambiar, de que se puedan hacer cosas por la gente, de que importemos más las personas que el individuo político, de hacer las cosas bien y no mal, para variar. No sé si en algún momento creí o maduré políticamente al son del desfalco, el fraude, la palabrería insulsa, las mentiras, el poder del dinero fácil... por tanto he de decir que iba con el corazón bien cerrado, sin ganas de que me mangonearan, sin probabilidad de que un discurso hiciera mella en mi, a fin de cuentas, sin posibilidad de creer.
Pero el milagro ha ocurrido, casi me siento como quien se niega a enamorarse por miedo al dolor y sin embargo no puede remediarlo porque ha estado demasiado tiempo evitándolo. El discurso político del sábado de Ciudadanos ha hecho que crea en algo (increíble si se entiende de mi que soy una brutal incrédula socio-política). No sé si es que a gente más cercana a mi, ciudadanos hartos como yo, me es más fácil creer o que realmente lo que proponen es muy bueno. Supongo que una excelente combinación de las dos cosas. El hecho de que personas corrientes y molientes puedan participar en la política, que se ha convertido de unos pocos, me parece fascinante porque es lo que siempre había pensado que debía ser y el sábado poco a poco noté como empezaba a ablandarme y confiar un poco en este partido.
He de reconocer de que tengo miedo de un desengaño, tengo miedo de que una vez lleguen a algún lado se olviden de aquellos que les apoyaron y hagan lo de siempre. Pero supongo que hay que arriesgar y confiar en que "estos" sean distintos y vayan a intentar hacer las cosas bien sin tener como objetivo un sueldo para toda la vida con la gran responsabilidad de tocarse el higo todos los días.
En fin, que el discurso tocó mi fibra sensible y estoy contenta porque consiguieron algo que nadie ha conseguido, lograron traspasar la incredulidad y la coraza e hicieron que volviera a creer en la buena capacidad, disposición y responsabilidad de la gente. Gracias.
Y gracias papá.
Si alguien quiere información:
www.ciudadanos-partidodelaciudadania.com
http://generales08.ciudadanos-partidodelaciudadania.com
sábado, 16 de febrero de 2008
"Ciudadanos es el partido del sentido común”
Entrevista a Alfonso Garzón, el candidato más joven de España
El Mirón de Soria (PDF)
"Ciudadanos es el partido del sentido común”

Alfonso Garzón es el candidato al Congreso de los Diputados más joven, no sólo de la provincia sino de España. A sus 19 años recién cumplidos se ha implicado en política, bajo las siglas de Ciudadanos, un partido que este estudiante de Publicidad y Marketing en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid, posiciona en el centro-izquierda. Aunque Garzón cree que el debate ideológico entre izquierdas y derechas está superado. “Todos creemos en el progreso del país. Por eso no hay progresistas y reaccionarios. Lo que se impone es la racionalidad”, resume. El candidato de Ciudadanos-Partido dela Ciudadanía quiere ser la voz de los jóvenes sorianos en el Congreso de los Diputados. En su opinión, la juventud necesita más ánimo e ilusión.
Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, debuta en Soria. Y lo hace con un joven al frente de su candidatura al Congreso de los Diputados. Alfonso Garzón encabeza la candidatura. Este estudiante en Madrid quiere que la voz de los jóvenes se escuche en el Congreso.
- ¿Por qué se ha implicado en política? ¿Y por qué en Ciudadanos?
- Porque desde pequeño me ha interesado. Y en Ciudadanos porque de alguna forma es una respuesta al cansancio que muchos españoles tienen de los típicos partidos, que se reparten la tajada. Vas a seguir tragando, coge aire!, es vuestro slogan
- ¿En Soria hace falta coger aire?
- En Soria hace falta coger lo que nos den, porque nos han dado bastante poco. Ha habido candidatos de todos los tipos y en realidad han hecho todos lo mismo: bastante poco. Todos van como representantes de su partido, en ningún momento de Soria.
- En la provincia ¿Sus habitantes tienen los mismos derechos y oportunidades?
- En teoría sí; en la práctica no es del todo así.
- Su compromiso es aportar nuevas ideas ¿cuáles?
- Lo dice nuestro programa. Desde propuestas innovadoras como hablar bien claro sobre prostitución, aborto, eutanasia, hasta dejarnos de pelear en cosas tan importantes como la Educación y la Sanidad, o la política antiterrorista. Al final, lo que proponen es más sentido común… Sí, lo dice mucha gente. Lo dice Rivera en sus mítines: nos consideramos el partido del sentido común. Valoramos en cada situación que es lo más racional y lo mejor para todos.
- ¿Cuáles son las prioridades para la provincia?
- Lo que siempre se ha dicho: infraestructuras, inversión… Hace falta que todos los estudiantes no se tengan que ir a estudiar fuera. No podemos solo echar la culpa al exterior. También nosotros tenemos que ponernos las pilas y hacer cosas con el dinero que tenemos. Ser activos. Pero alguien nos debe representar de verdad, que se hable de nosotros; que no nos prometan cosas que no pueden hacer. No pueden prometer 400 euros cuando la Bolsa se desploma.
El Mirón de Soria (PDF)
"Ciudadanos es el partido del sentido común”
Alfonso Garzón es el candidato al Congreso de los Diputados más joven, no sólo de la provincia sino de España. A sus 19 años recién cumplidos se ha implicado en política, bajo las siglas de Ciudadanos, un partido que este estudiante de Publicidad y Marketing en la Universidad Antonio de Nebrija de Madrid, posiciona en el centro-izquierda. Aunque Garzón cree que el debate ideológico entre izquierdas y derechas está superado. “Todos creemos en el progreso del país. Por eso no hay progresistas y reaccionarios. Lo que se impone es la racionalidad”, resume. El candidato de Ciudadanos-Partido dela Ciudadanía quiere ser la voz de los jóvenes sorianos en el Congreso de los Diputados. En su opinión, la juventud necesita más ánimo e ilusión.
Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, debuta en Soria. Y lo hace con un joven al frente de su candidatura al Congreso de los Diputados. Alfonso Garzón encabeza la candidatura. Este estudiante en Madrid quiere que la voz de los jóvenes se escuche en el Congreso.
- ¿Por qué se ha implicado en política? ¿Y por qué en Ciudadanos?
- Porque desde pequeño me ha interesado. Y en Ciudadanos porque de alguna forma es una respuesta al cansancio que muchos españoles tienen de los típicos partidos, que se reparten la tajada. Vas a seguir tragando, coge aire!, es vuestro slogan
- ¿En Soria hace falta coger aire?
- En Soria hace falta coger lo que nos den, porque nos han dado bastante poco. Ha habido candidatos de todos los tipos y en realidad han hecho todos lo mismo: bastante poco. Todos van como representantes de su partido, en ningún momento de Soria.
- En la provincia ¿Sus habitantes tienen los mismos derechos y oportunidades?
- En teoría sí; en la práctica no es del todo así.
- Su compromiso es aportar nuevas ideas ¿cuáles?
- Lo dice nuestro programa. Desde propuestas innovadoras como hablar bien claro sobre prostitución, aborto, eutanasia, hasta dejarnos de pelear en cosas tan importantes como la Educación y la Sanidad, o la política antiterrorista. Al final, lo que proponen es más sentido común… Sí, lo dice mucha gente. Lo dice Rivera en sus mítines: nos consideramos el partido del sentido común. Valoramos en cada situación que es lo más racional y lo mejor para todos.
- ¿Cuáles son las prioridades para la provincia?
- Lo que siempre se ha dicho: infraestructuras, inversión… Hace falta que todos los estudiantes no se tengan que ir a estudiar fuera. No podemos solo echar la culpa al exterior. También nosotros tenemos que ponernos las pilas y hacer cosas con el dinero que tenemos. Ser activos. Pero alguien nos debe representar de verdad, que se hable de nosotros; que no nos prometan cosas que no pueden hacer. No pueden prometer 400 euros cuando la Bolsa se desploma.
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